18 de mayo de 2023

Astenia



Es tu dia libre y puedes hacer lo que esperaste toda la semana: descansar, pero decides consentir los límites de tu cuerpo que demandan ponerse a prueba y ver hasta dónde pueden cargar contigo, entonces tomas un respiro y te pones en una situación algo estresante, ¿quizás por la multitud? quizás por la idea de abarcar tanta distancia de ida y vuelta, o por el ruido y demasiados estímulos para lo poco que queda de ti, o por ser algo que no sueles hacer porque siempre te ha parecido ridículo hasta el momento en que te arrojas solo para confirmar que hiciste el ridículo, pero solo para ti, mientras todos, al igual que tú, están inmersos en su propio protagonismo, hablando de las cosas que se suelen hablar, y después de darte el gusto de haberte puesto en ridículo sientes la satisfacción de irte, de estar —contradictorio como puede sonar— al fin comenzando el camino de vuelta, porque por eso lo hiciste realmente, por el viaje de vuelta, y llegas a tu espacio ya no con el deseo de descansar, sino la necesidad impostergable de tirar tu cuerpo en la cama y posar tu cara que está más perceptible al tacto que todo el resto de la semana en la almohada con la funda de polar que sentiste fue la mejor compra que pudiste haber hecho en meses, y mientras se te interpone débilmente la idea de tener que buscar alguna que otra prenda que usas de pijama, desvertirte, darte una ducha y vestirte para recién poder meterte en la cama ya estás sobre ella tal cual llegaste, porque ya no dabas más, porque te lo mereces y si es que tuviste mucha suerte, alcanzaste a quitarte los zapatos.