De alimentarse desde la misma boca, que es otra
Luego mía, y al fin mi boca misma, que es la nuestra.
Ya no ahogan los reflejos de todo lo que no pudo sobrevivir en tu silencio.
Y qué terrible siquiera pensar en la posibilidad de que algo pueda ser. Algo que no ha existido nunca ocurra justo frente a ti, o en ti. Es más: que algo que no ha sucedido ni le ha tocado a nadie nunca en la historia pueda ser precisamente gracias a ti. Qué terrible la idea de que esto pudiera ser, cuando alrededor se han hecho cenizas y ruinas de otros impulsos, pero desde tu futón te contemplo cuidando tus plantas, y es que eres el sol antes del sol, mientras arrastro las yemas de mis dedos por tu serenata de cinco cuerdas, entonces mis dedos y todo lo que les precede antes de volverse sonido es tuyo y por ti, como son tuyos todos los esteros y vertientes, como recordarte a la lluvia por haberme primero encontrado empapado por ella, de frente, por haber jugado al confiado, al rompehielos, al cartógrafo de tus piernas cuyo único instrumento de investigación es la boca que busca tus labios en la sed de tu voz.