Siento que se me hace un puente
de pétalos, arraigado
entre alientos,
salpicado de aves,
ahogado entre sábanas,
entre días, en el frío
del casi día, o peor,
la casi muerte,
casi verdad.
Se me hace un puente
enraizado en el abismo
entre los brazos de
los que miran al suelo
y los que miran al cielo;
corre y se mece entre
los segundos presentes
y los siglos ausentes;
los a veces siempre,
y las gotas de nunca.
El tiempo sopla en contra.
Y a mí que se me hace un puente
entre almas que se funden al caer en la vorágine
y un sol que ya seca el invierno de los ojos,
y suprime la displicencia animal,
abriéndose al mar, como
una posibilidad eterna.
Lo único que nos
queda, hoy, es
todo por
delante