31 de agosto de 2014

Lo que perdimos en el fuego



He soñado tantas cosas.
¿Yo?
Yo me parto el alma preguntándome si alcanzaste a soñar.
No, sé que no, pero me parto el alma preguntándome si alcanzaste a soñar.
Hay que ver, ¿ves esto? es mi alma, ahora son dos... cuatro... dieciséis... tú sabes.
No, sé que no sabes. No sabes saber.
¿Ves estas lágrimas? son dos... cuatro... dieciséis.
Hay que ver. Pero no despiertes, sé que no puedes.

Me parto el alma preguntándome si alcanzaste a soñar.
No, sé que no, pero me alma el parto alcanzándome si soñé a preguntar.
Me soñé... alcanzando el parto y el alma preguntándome.

Ya ni entiendo lo que digo, ¿me escuchas? 
No quiero saber lo que te digo ni quiero decirte lo que sé.
Quiero decirte lo que siento.
Quiero decirte que lo siento. 
Tanto...
Te lo digo cada noche, ¿no me oyes? 
No, sé que no. Y aunque pudieras, no podrías, porque tendrías que ver estas lágrimas.
¿Que no te das cuenta?
Tengo que ver. Que aunque llene el universo con todo lo que siento, no sabrás.

¿Alguna vez fuiste?

Me parto el alma preguntándome si alcanzaste a soñar.

Mi alma, mira, ¿la ves? cómo se parte en dos años... 
Cuatro centímetros... 
Dieciséis gotas de sangre... 
Doscientas cincuenta y seis migas de pan ...
Un millón de arrugas.
Es todo lo que tengo.
¿Cómo puedo dártelo si ya no tienes ni un segundo?

Me parto el alma preguntándome si alcanzaste a soñar.

Es imperativo que me escuches, quiero pedirte algo.
Por favor, no me des pena.
Sé que no sabes llorar, y prometí que yo lo haría por ti.
Pero, por favor.
¿Ves todo el frío que hay ahí?
Yo puedo aguantarlo, por ti. Todo.
Pero, por favor...
¿Ves toda esa tierra?
Puedo cavarla con las manos, por ti. Sembrarla toda.
Pero necesito que...
No puedo más.

Ayúdame a dejarte ir.

Alguna vez dormiste conmigo. 
Dormiste en esta cama, pero nunca posaste tu cabeza en la almohada. 
Tampoco te abrigaron las frazadas y sueños que tejí para ti.
No podías saber. No podías poder.
No pudiste nada. 
Pero no llores, yo lloraré por ti. 

Me parto el alma preguntándome si alcanzaste a soñar.
¿Yo?
Yo he soñado tantas cosas.

18 de agosto de 2014

Elisa

Tus ojos cambian como el fuego.
hay en tus ojos un color nido de ruiseñor,
y de noche un color vuelo de mirlo.

Podría decir que volar es caer 
en tus ojos cuando son color cielo,
y que cuando son turquesa o color murmullo 
de la espuma del mar en la arena
(arena que es tus mismos ojos cuando se tornan coral),
me sumerjo entre tus ojos que son dos horas,
dos últimas horas de transvasar nuestras miradas,
que nos disuelven en la posibilidad de una flor
pétalos de sueños.

En tus ojos no me reflejo yo, sino lo que puedo ser
cuando me miras con tus ojos color caricia,
y abarcas mis ojos de duda.

(Y cómo nos gusta dudar, 
porque somos dos desarmados
contra un mundo desalmado 
que oculta todo a nuestros ojos.)

Mis ojos color cellisca encuentran la calma 
en tus ojos de nota aguanieve
o en tus ojos color silencio,
pero no me miras,
y cuando no me miras 
se ahoga un fuego;
y cuando no estás
se marchitan los días.