27 de mayo de 2014

El Sauce

I

Manolo comía ansioso.
Se había puesto de acuerdo con su mejor amigo para salir a jugar después de almorzar
Llevó su plato vacío a la cocina y fue a su cuarto a buscar su mejor juguete
Una Henschel "Red Devil" que, como decía Manolito, hacía el suelo temblar
Aquellos ochocientos veintinueve gramos eran todo para Manolito
Con su locomotora no había lugar al que no pudiera viajar
Ese día el cielo estaba cubierto y habían pronosticado lluvia, le dijo su mamá
Caso omiso Manolito se abrigó y salió a jugar
En el chaleco de rombos de siempre su amigo lo estaba esperando
Manolito no cuestionaba por qué siempre vestía igual
Y así fueron con sus juguetes recorriendo todo lo que encontraran
Como el frío mantenía a todos en sus casas, no había quién los pudiera molestar
Entonces llegaron al diminuto estero que cruzaba la ciudad
Jugaron siguiendo la ribera y solo al llegar a su sauce pensaron en parar
Se sentaron al borde del río y miraron el agua, donde habían muchos renacuajos
Tan pequeños y escurridizos que no los podían atrapar
También habían ranitas, que al tomarlas en la mano daban cosquillas
Los amigos reían, y hacían sonidos como si con ellas se trataran de comunicar
Aunque hacía frío ganaron las ganas de entrar al agua
Se quitaron los zapatos, entraron de un salto y empezaron a chapotear
Jugaron un rato hasta que el frío les llegó a los huesos y salieron del río
Se colgaban de las ramas del sauce, con un poco de impulso ya podían volar
La felicidad era plena para los dos mejores amigos
Subieron al árbol, donde cada uno tenía su puesto y Manolito no se pudo aguantar
"Eres mi mejor amigo y lo serás por siempre, lo prometo"
Sentía que no había nada más que pudiera desear
Su amigo sonrió, sacó una navaja de su bolsillo y le dijo que tallaran juntos sus nombres
Así hicieron cada uno, y Manolito encerró ambos en un círculo, para terminar
En el sauce quedaba sellada la promesa de los amigos para siempre
"Vamos a mi casa" dijo Manolo "y compramos una bebida para celebrar"
Se pusieron los zapatos y estaban listos para irse
Cuando vieron a un grupo de niños y jóvenes llegar
Manolito le dijo a su amigo que siguieran caminando sin tomarlos en cuenta
Pero el grupo se acercaba a ellos y los empezaron a molestar
Formaron un círculo alrededor y el más grande le quitó el juguete "Lindo tren, Manoloco"
Quien asustado dijo "No nos molesten, si te gusta te lo puedes quedar"
Todos se burlaron y se fueron sobre él a golpes
Lo tiraron al suelo mientras Manolo le gritaba a su amigo que aprovechara de escapar
"Loco de mierda" se burló el mayor "mira tu tren, cómo lo voy a mear"
Los niños se fueron riendo, ya cumplido su objetivo
Solo entonces Manolo, tirado en el suelo, se largó a llorar
Volvió a casa, sus padres le preguntaron qué le sucedió
Pero Manolito, con su orgullo y alma herida, no podía ni hablar
"Otra vez ese amiguito tuyo metiéndote en problemas, qué te dijimos. Estás castigado."
Y por todo un mes no pudo salir a jugar
Nunca había extrañado tanto a su amigo como aquellos tristes días
No pasaba un día sin que Manolito se preguntara por su amigo, dónde podía estar
Hasta que una noche encontró una pequeña cartita bajo su almohada
"Cuando termine tu castigo toma tus cosas y ve al sauce. Allí te voy a esperar"
Manolito no se aguantaba de alegría y con una sonrisa pasó los últimos días de su castigo
Hasta que llegó el día en que con su amigo se iba a encontrar
Manolo comía ansioso 
Un poco de ropa, comida y su mochila terminó de armar
Limpió bien su pequeña locomotora, que brillaba como nunca
"Me voy al colegio" y con un fuerte abrazo y un beso se despidió por última vez de mamá y papá

II 

Nadie sabía nada en el colegio, nadie sabía dónde podía estar
Sus padres no pudieron dormir esa noche
Con ayuda de familiares y vecinos lo fueron a buscar
Pero nada dio resultado esa noche, ni la siguiente
La madre no hacía más que llorar
En su desesperación le preguntaba a las estrellas si lo habían visto
Que por favor a casa lo ayudaran a llegar
No había rastro de Manolito en ninguna parte
Pasaron días y semanas sin ninguna señal
Y poco a poco asumieron lo peor
Manolito no volvería jamás

III 

Un día su padre el día del castigo no paró de recordar
Lloró de pena y lágrimas cayeron en su ropa
Recordó a Manolito con su pantalón empapado hasta la mitad
Y con la esperanza herida de una pista al fin encontrar
Recorrió el pequeño estero que cruza la ciudad
Hasta detenerse en el sauce del que tanto le hablaba su hijo, pero él sin escuchar
Cuando le contaba entusiasmado sus aventuras con su amigo y su imbatible locomotora
Podía escuchar su vocecita emulando el chucuchú de un tren y lo veía en el río saltar
Vio la marca en el árbol y cayó rendido frente a ella
"¡Oh, Dios, mi hijo, dónde puede estar!"
Volvió a casa y le contó a su mujer lo poco y nada que había encontrado
Aquella marca en el árbol era lo único a lo que se podían aferrar
Y desde entonces, hasta el día de hoy, los padres y la gente de la ciudad
A los pies del círculo que no encierra más que el nombre "Manuel" dejan flores al pasar.


***