Hoy las olas se volvieron contra todos
Devoraron la arena, los escombros y rompeolas, y tragaron en un lento terror a quienes jugaban en la orilla
Devastaron todos los cimientos que habían levantado los hombres y los huesos de quienes aún los habitaban
Dejaron de existir los caminos y los puentes que conectaban los pueblos: todos eran ya parte del mismo fin
Quienes investigaron hasta el cansancio lo que podría ocurrir este día solo alcanzaron a vislumbrar aterrados los minutos antes de ser llevados sabiendo que sus cuerpos jamás serían devueltos
Todo el esmero en preverlo y todo el trabajo por contenerlo, nada sirvió
Quienes renegaron jamás creer en nada se arrimaron a congregaciones realizando rituales en los que llegaron a, en improvisados sacrificios, ofrecer a aquellos a quienes juraron nunca hacer daño y por quienes prometieron, llegado el momento, dar la vida a cambio de su salvación
Nadie en el valle pudo escapar del mar de escombros irreconocibles, como si la tierra ya harta se engullera a sí misma.
No quedaron puertas ni el aire que en algún momento de ira agitaron al cerrar
No quedaron cicatrices urbanas que conservar
No quedaron varillas de sauce, ni a quien pudieran castigar
Casi no quedaron ojos propios
Ni jardines a los que dedicar paciencia
En azotes como muelles caídos del cielo subieron las colinas arrastrando todo hacia adentro, ni la vegetación ni las raíces más profundas resistieron
Hasta que cerca de la cima de una colina una mujer tropezó, y primero sostuvo su vientre con una mano y con la otra agitó el tronco de un boldo frondoso
Todo a la vista de un calendario que se mide entre equinoccios
Y al principio las olas furiosas rugieron en respuesta con la voz más profunda de la tierra, y comenzaron a agitarse sobre sí mismas desgarrando la superficie terrestre, y luego se distendieron hacia el cielo como una gran muralla indefinible revelando grandes manchas de escoria de cosas que alguna vez vivieron por nadie más que sí mismas
Entonces se retiraron
Y en su retroceso fueron dejando a la vista la gran huella de que todo eso que fue pensado como permanente resultó ser efímero.