18 de octubre de 2014
Abuela
El alma de la primavera me encontró
contemplando un charquito de cielo.
Podría quedarme aquí,
viendo cómo el velo de pétalos cae
y el nido se cierra ante mí.
Pero me quedo en el columpio
revelando la sombra del peral
en ese charquito
que esconde un brote de canción tranquila,
y su coro, cual higuera al viento,
y cual viento al ciruelo,
como el contrapunto en las hojas del helecho
que sigue inclinado la ruta del arcoiris
y, cobijada en su violeta,
con sus pasos en flor y luna,
tras el aire sacudido por el aleteo de un espejo de colores,
regando un árbol de horas maduras y silencios pendientes,
Ella.