18 de agosto de 2014

Elisa

Tus ojos cambian como el fuego.
hay en tus ojos un color nido de ruiseñor,
y de noche un color vuelo de mirlo.

Podría decir que volar es caer 
en tus ojos cuando son color cielo,
y que cuando son turquesa o color murmullo 
de la espuma del mar en la arena
(arena que es tus mismos ojos cuando se tornan coral),
me sumerjo entre tus ojos que son dos horas,
dos últimas horas de transvasar nuestras miradas,
que nos disuelven en la posibilidad de una flor
pétalos de sueños.

En tus ojos no me reflejo yo, sino lo que puedo ser
cuando me miras con tus ojos color caricia,
y abarcas mis ojos de duda.

(Y cómo nos gusta dudar, 
porque somos dos desarmados
contra un mundo desalmado 
que oculta todo a nuestros ojos.)

Mis ojos color cellisca encuentran la calma 
en tus ojos de nota aguanieve
o en tus ojos color silencio,
pero no me miras,
y cuando no me miras 
se ahoga un fuego;
y cuando no estás
se marchitan los días.