5 de marzo de 2014

La unidad



¿Qué dirán las gradas sobre ti si al subir por ellas remeces el aire
 que las llena con el anhelo de tu carne incandescente y el ardor de tus venas?

Ahora llueve
y vuelvo sobre nuestros pasos 
encontrándonos culpables y víctimas 
del fuego que mueve tus huesos y tus ideas, 
y sobre el que descansa tu ardiente impaciencia. 
Siempre era uno de nosotros;
siempre éramos uno de nosotros;
siempre nosotros éramos uno.
Jugamos a mecer tu fuego hasta que te consumía por completo y llenabas el cuarto de ti.
Con tu fondo tocaste el fondo del universo: lo inundaste,
por un instante infinito, 
de tus más profundas ganas de vivir. 

Y todo esto nos toca,
porque por tu alquimia o magia misteriosa 
mis ganas de ser feliz se confundieron en ti, 
y la libertad de mi alma la encontré en el frágil y tan sutil encadenamiento
de nuestros dedos al tomarnos de la mano.
¿Que te vas a matar?
¿Y las esquinas del tiempo?
Que si te vas ya no habrán pasos de lluvia
¿No hay nada?
¿Y quién muere al final?
¿Tu otro tú?
¿Tu otro yo?
Muere uno de nosotros;
y siempre nosotros éramos uno.